La imagen y la realidad casi nunca coinciden, (...) esa es la primera regla de la magia
Barron T. A., Los años perdidos de MerlĂn
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—¿DĂłnde estamos?
Con los pĂĄrpados pesados como piedras que trataran de llevar al condenado al fondo de un rĂo, veĂa a la perrita mirarme desde arriba, desde lo alto de unos ojos que habĂan vuelto a sonreĂr.
—¿CuĂĄnto tiempo llevamos aquĂ?
No sentĂa dolor. Ni siquiera cansancio. No sentĂa nada, tendida sobre aquel lecho mullido, salvo esa extraña languidez que luchaba por arrojarme de nuevo a los brazos del sueño.
—¿Y Titus B.?
La patita derecha de Nimue me sellĂł los labios, me decĂa no grites mientras sus ojos se detenĂan en algĂșn punto mĂĄs allĂĄ de mĂ.
El pequeño viejo estaba allĂ —lo vi al volver la cara—, pegado a una chimenea muy grande en la que ardĂa el fuego que calentaba la estancia en penumbra que nos acogĂa. Tendido boca arriba —los bracitos extendidos y extendidas las palmas de las manos— sobre el Libro grande que se habĂa abierto de par en par para hacerle de cama.
—¿Nimue?
Respiraba tranquilo, pero a la sombra de sus ojos dos surcos morados se habĂan ido abriendo camino.
—¿QuĂ© le pasa?
—Tan solo duerme.
SentĂ un escalofrĂo correteando por mi cuerpo. Esa voz ronca, cuasi artificial, habĂa salido de algĂșn rincĂłn indefinido de entre aquel montĂłn de sombras al que no lograba llegar la luz de la candela.
Nimue se apartĂł de mi lado y corriĂł hasta ella para tenderse a sus pies, zalamera.
—EstĂĄis en la torre del viejo alquimista, muchachita hermosa.
✏️ Imagen de cabecera: Trygve M. Davidsen ✨️✨️
Este relato apareciĂł publicado, por primera vez, el dĂa 10 de marzo de 2013 en mi viejo blog: Cuentos de Brocelianda đđ
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✨️✨️ No te vayas, peregrino, sin dejar un comentario đđ». Que, mientras estĂ© formulado desde el respeto, serĂĄ muy bien recibido đ✨️✨️
✨️đ» Lola đŁ✨️



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