25. Volver a caminar 🌙


El librito aletea, aletea de nuevo queriendo escapar de unos dedos 
los mĂ­os— que lo aprisionan y le impiden volar.

Titus B. estĂĄ despierto. AbriĂł los ojos al suave susurro de mis palabras (de todas las que lleva el librito escritas en sus entrañas), pero no dijo nada. Se acomodĂł en su escondite de hojas secas muy grandes demasiado grandes sobre su cuerpecillo y volviĂł a cerrarlos, tranquilo de que no fueran las pĂĄginas del suyo las que estuvieran recorriendo mis ojos.

Pero las hojas del libro volante ya se han terminado. Levanto los brazos, muy alto, muy alto, todo lo que puedo por encima de mi cabeza, y contemplo de ese modo al anciano sol moribundo. Abro las manos. El pequeño volumen estira las pĂĄginas. Las estira mucho, como si se desperezara, y echa a volar. Libre, libre al fin, lo hace en busca de un lugar cualquiera, lejos de mĂ­, en donde descansar. Yo cierro los ojos y aguardo. Aguardo a que el duende se levante y leamos o andemos o guardemos silencio. Que el bosque se recoge ya sobre sus ramas. Es hora de volver a caminar.

✏️ Imagen de cabecera: autor ¿desconocido? đŸ€”

Este relato apareciĂł publicado, por primera vez, el dĂ­a 21 de enero de 2014 en el blog Cuentos de Brocelianda đŸŠ†đŸ‚

"Beato de Fernando I y doña Sancha" (BNE Vitr/14/2). Detalle
No te vayas, peregrino, sin dejar un comentario. đŸ™đŸ» Que, mientras estĂ© formulado desde el respeto, serĂĄ muy bien recibido đŸ™ƒ✨️✨️ 

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