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ay una cámara diminuta a la orilla del lago. Acabo de descubrirla casi oculta entre el barullo marrón y gris clarito de hojas caídas que se adormece junto a las aguas. Diciembre es así, bien lo sé: suele estar lleno de cosas y sucesos repletos de magia y de bruma, y, aquí, en Brocelianda, más aún, ya ves.
Me gustaría tomarla entre mis dedos con cuidado, y ver si consigo documentar con ella cada uno de mis pasos en pos del pueblo de las hadas: pero temo que su dueño −quienquiera que este sea− se dé cuenta y se moleste conmigo o algo... ¿qué hago? 🫤
Supongo que lo intentaré de todos modos. 🫠 Sí, sí. Me arriesgaré y veré si mis palabras −y las imágenes que tome− son capaces de hilar el camino que hacia el magnífico reino recorro cada tarde, cuando el sol se muere en el bosque y el mirlo canta y eso...
Siéntate aquí, anda, junto a mí en esta piedra −¿será un gigante, acaso?−: que me llamo Lola, y soy contadora de historias. 😊



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