3. El manuscrito Voynich 🕯


ace horas que Titus B. corre con los ojillos de un libro a otro: del Libro grande al manuscrito cifrado, del manuscrito cifrado al Libro grande. Mordiéndose la lengua de intriga y de placer mientras siente recobrado al fin su lugar en el bosque.

Yo veo pasar el tiempo sentada a su lado pero no muy cerca, que si no, no se concentra. Al menos cien luciérnagas han acudido a la llamada de esas primeras que llegaron a dar luz al duende, y ahora nuestro diminuto rincón del bosque está encendido por un día hecho de mil soles y una luna inmensa.

Espero a que el duende diga algo. A que comparta conmigo un poco de lo mucho que parece estar descubriendo, pero apenas si se le escapa algún ¡ajajá! y palabrejas rarísimas como Voynich… «¡Ajajá, el manuscrito Voynich! Si ya lo sabía yo. Ya lo sabía yo...». Eso dice las veces que dice algo. Cuanto resta lo llena con silencio, miradas de reojo y satisfacción grandísima en la cara. Sabe que me muero de curiosidad y de aburrimiento y tiene pensado dejarme morir un ratito más…

✏️ Imagen de cabecera: autor ¿desconocido? 🤔 

El presente relato fue publicado, por primera vez, el día 25 de junio de 2013 en mi viejo blog: Cuentos de Brocelianda 🦉🃏.

Para que no se pierdan en el olvido, dejaré que dormiten aquí, bajo estas poquitas líneas, el comentario que recibió en aquel momento y la respuesta que yo le di 🙈, mira:


"Beato de Fernando I y doña Sancha" (BNE Vitr/14/2). Detalle
✨️✨️ No te vayas, peregrino, sin dejar un comentario 🙏🏻. Que, mientras esté formulado desde el respeto, será muy bien recibido 🙃✨️✨️ 

🦆🌙 Lola 🧝🐢

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