Como alguien que se encontrara de pronto transportado a un desierto de arenas infinitas, de repente cobré conciencia de la soledad profunda, gigantesca, que me separaba de mis semejantes.
✏️ Gustav Meyrink, "El Golem"
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—Has perdido la cabeza —los ojillos del duende miran al frente, fijos en una parte cualquiera del infinito—. La has perdido, mujercita.
Vistos así, de perfil y sin las lentes que los hagan parecer tan grandes, semejan dos bolitas animadas perdidas en mitad de una nada que no reconocen.
A nuestros pies un mundo completo toma forma y vida. Sobre las cabezas solo azul: un azul negrísimo ya, de noche. Y la luna redonda cual galleta plateada.
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| Jenny Nyström (detalle) ✨️✨️ |
Las botitas negras del duende apenas recuelgan del balcón. Con lo chico que es casi no sobresalen del alféizar de la ventana. Pero está aquí, sentado junto a mí, agarrado miedoso a mis faldas.
Se vuelve para mirarme y soy yo ahora la que evito unos ojos muy tristes. A lo lejos, un millar de lucecitas parecen haber encendido el bosque. Se mueven frenéticas de un lado a otro y por eso chocan muchas veces entre ellas y con los árboles. Son las luciérnagas...
Lo demás es quietud.
Nada parece haber cambiado allí abajo más que él y yo, que ya no estamos.
✏️ Imagen de cabecera: Edward Reginald Frampton, Elaine, la dama de Shallott (1920) 🌙
Este relato apareció publicado, por primera vez, el día 24 de marzo de 2013 en mi viejo blog: Cuentos de Brocelianda 🦄🌾
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