Aspiré una gran bocanada del aromático aire del bosque. Escuché, acaso por última vez, el constante murmullo de las ramas. Apenas había empezado a intuir la diversidad y la complejidad de este lenguaje de los árboles, unas veces sutil, otras agobiante. Me pregunté qué me estarían diciendo en este momento, si pudiese entender sus voces. Me prometí a mí mismo en silencio que, si algún día regresaba a este bosque, aprendería sus costumbres y valoraría sus secretos.Barron, T. A., Los años perdidos de Merlín
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| Gustave Doré |
Ahora veo de nuevo un universo alrededor de Brocelianda que me rodea y me asfixia. Y me levanto y corro a acurrucarme junto al pequeño Titus B. que es mi aliento en todo este mundo grande y verde. El duende dormido que abre sus ojillos perezosos y busca con ellos los míos y parece decirme:
—Mujercita, estás aquí. En el bosque estás a salvo... En la tumba de Merlín los sueños y la magia están condenados a vivir eternamente.
✏️ Imagen de cabecera: autor ¿desconocido? 🤔
Este relato apareció publicado, por primera vez, el día 24 de junio de 2014 en el blog Cuentos de Brocelianda 🍂🦉
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