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El ser de las alas rojas lo atemoriza, esa es la realidad —al menos, la que perciben mis ojos—. Fíjate bien. Mira su mano derecha alzada en un ¿cómo es posible? ¿Cómo se te ha ocurrido hacer o no hacer esto o lo otro?
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Tiene nuestro ángel los pies (rojos también, como roja es la túnica talar que lo viste) separados, cada uno pisando una parte distinta de ese suelo que aparece en la escena y la divide en dos mitades casi idénticas: a tu derecha y a la mía, verde; la de nuestra izquierda inexistente por estar llenita de agua... un agua oscura y no muy calma en la que nadan dos peces grandotes.
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Aparte de estas dos figuras —rodeaditas de nuevo de ese desesperante amarillo por todas partes—, otra se cuela ante la vista de los que contemplamos la miniatura para que no nos quede más remedio que preguntarnos para qué está ahí: lleva una especie de bordón en las manos.
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No es un ángel y su aureola es roja, aunque la túnica que lo cubre no parece tan exquisita como la del compañero que es el centro de la escena... ¿quién demonios es? ¿De dónde ha salido y qué es lo que quiere? 🤯
✏️ Imagen de cabecera: miniatura que ilumina un Beato al que no logro dar nombre, ¿lo conoces tú, acaso?






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