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La de mis sueños era mucho más modesta. Es cierto que estaba repleta de volúmenes estupendos, no creas. Y se encontraba ubicada en el interior de una cabaña abandonada y la alumbraban decenas de velas encendidas, grandes y chicas, que poblaban el aire con el olor de la cera derretida y eso. Pero la cosa es que parecía que algún ejemplar en concreto, alguno cuya presencia o no marcaba el paso de un lugar normal a uno sagrado, faltase. ¿Cuál sería ese título? ¿Por qué se me mostró su ausencia de esa forma tan... críptica?
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A lo mejor era mi propio librito el que no se encontraba en aquellos estantes de mi madrugada. Acaso tendría sentido, ¿no te parece? 😳
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Ahora las aguas del lago no ocupan todo el espacio que fue suyo hace tres meses. Se han recogido con dulzura, casi con timidez y reverencia. Sin hacer ruido de ninguna clase. Parecen mirarme, parencen observarme con cuidado ellas a mí mientras las contemplo de pie en sus orillas. Supongo que no es nada extraña esta sensación que te describo: que están pobladas por ondinas. ¿Cuántas?
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| Édouard Henry-Baudot, Ondinas (1907) |
Creo que eso no llegaremos a saberlo nunca. Y desde el azul que esta mañana límpida las cubre me sonríen, así con esa risa que es de ellas y que es tan cascabelera y melodiosa. Así tratando de acercárseme, de que yo me acuclille ante su vista. Y me lleven consigo.
🧚♀️🌙 Lola 🧝🦉
📷 Fotografía de cabecera: Pexels






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